Este 2017 se cumplen diez años desde que los teléfonos inteligentes o smartphones aparecieron en nuestras vidas. Sin duda nos han ayudado en muchas actividades y han cambiado nuestra forma de relacionarnos con los demás y con el mundo. Desde entonces, la cifra de producción de estos dispositivos se ha ido acumulando y a una década de aquel lanzamiento rebasa los 7 mil millones; prácticamente el número de habitantes con los que actualmente cuenta el planeta. Esto se debe en buena medida al enorme consumo por parte de la población, que no necesariamente reemplaza sus dispositivos porque estos presenten algún daño irreparable o una falla técnica o en sus funciones. La gente, especialmente aquella con mayor poder adquisitivo, simplemente busca tener los modelos más recientes.

¿CUÁL ES EL PROBLEMA?

La mercadotecnia y las empresas que producen esta tecnología han encontrado la fórmula para vender más, reemplazando sus modelos recientes por otros nuevos en lapsos muy cortos. Pero al respecto hay dos problemas graves que han causado un gran daño al planeta: 1) se utiliza demasiada energía para producirlos (ocasionando mayores emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera), y 2) los componentes de los dispositivos que se desechan tardan años en degradarse. Esto ha generado una gran huella ecológica, término que se refiere al impacto que causa en el ambiente la utilización de recursos naturales y la asimilación de los residuos de determinados productos. Y ante la gravedad de la situación, es necesario tomar medidas.

EL PLAN DE ACCIÓN

No todo son malas noticias, ya algunas organizaciones en favor del ambiente han lanzado peticiones a los fabricantes de estos dispositivos para crear conciencia sobre la importancia de reducir dicha huella en favor de la salud del planeta. Todas giran en torno a ciertas medidas concretas que pueden aplicar las grandes empresas que producen tecnología, y que poco a poco van comprendiendo la importancia de unirse al reto. ¿Pero cuáles son las propuestas de los ambientalistas?

CON MIRAS A LA SIGUIENTE DÉCADA. 

Estas medidas planteadas persiguen un objetivo claro: lograr que la innovación tecnológica en el ramo particular de la producción de teléfonos inteligentes se ponga al servicio de la creación de un entorno próspero y, al mismo tiempo, de un planeta sano. De esta manera, la meta –que es también un  desafío– para los próximos 10 consiste en que las empresas productoras hagan uso de energía renovable y, sobre todo, que creen dispositivos que puedan ser reciclados y que posean una extensa vida útil, para que los clientes no los sustituyan de forma tan frecuente.

Así como es importante que las empresas tomen conciencia de la importancia de reducir la huella ecológica es necesario que nosotros, como consumidores, también adoptemos medidas y busquemos sustituir nuestros dispositivos solamente cuando no haya otra alternativa y cuando los nuevos nos ofrezcan una innovación auténtica y significativa. Asimismo debemos apoyar a las empresas que ya están tomando cartas en el asunto. ¿Qué dices? ¿Te sumas al reto?

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