En las últimas décadas hemos presenciado un aumento en la producción de gases de efecto invernadero, ocurrido por la quema de combustibles fósiles, el desarrollo económico e industrial y la tala desmesurada de árboles. Los gases que se producen, como el dióxido de carbono, el metano y el óxido nitroso son los responsables de propiciar el cambio climático, lo que genera un impacto negativo a nivel mundial contra el medio ambiente. ¿Y cómo se puede revertir este efecto de manera sencilla y ecológica?

Pues bien, un tipo de plantas de la subfamilia del bambú, llamadas cañazas o tacuaras, presentan muchos servicios ambientales, tales como la mejora de la fertilidad del suelo, la contribución a la recuperación de caudales, y la fijación del CO2.

Ya que una hectárea de cañazas puede almacenar unos 30 litros de agua, cuando existe escasez de agua en verano, éstas aportan el agua que guardan en su estructura al suelo, representando así una excelente herramienta para el beneficio del suelo. Además, cabe mencionar que son ecosistemas que proporcionan bienes y servicios como la restauración de áreas degradadas y el almacenamiento de carbono atmosférico.

 

Disminución de tala de árboles. 

 

Gracias a sus características fisiológicas, mecánicas y anatómicas, muchas de las variedades del bambú se utilizan en infinidad de aplicaciones, ya que su producto es similar a la madera arbórea, que no es un sustituto de ella, sino que simplemente es otra alternativa más ecológica. Considerar y poner en práctica esta posibilidad contribuye de gran manera a la reducción de la tala de árboles, pues la demanda de madera ha incrementado muchísimo en los últimos años, a tal grado que supera la capacidad de producción de árboles, dando pie a la actividad ilícita de la tala clandestina, lo que provoca la erosión de suelos y la desertificación.

Por ese motivo es urgente que se desarrolle la industria del bambú, por fortuna, en México contamos con cañazas y otros géneros del bambú, así que, ¿por qué no provechar sus virtudes?

 

Producción de biomasa y gas. 

 

Además de los beneficios anteriores, el bambú es uno de los generadores de biomasa más destacados, que es el conjunto de materia orgánica de origen vegetal, animal y la que se genera como consecuencia de un proceso biológico. La biomasa se puede aprovechar en sistemas que emplean la gasificación en turbinas de gas, que alimentan generadores, y de su fermentación se pueden obtener combustibles como biogás, etanol, metanol y biodiesel.

El uso de la biomasa como fuente de energía renovable es una alternativa viable, y el proceso de gasificación puede hacer posible la generación de energía eléctrica en comunidades apartadas, con una tecnología sencilla.

 

Recuperación de bosques. 

 

El bambú también participa en la recuperación de los bosques gracias a la cantidad de nutrientes que deposita en el suelo, resultado de la gran cantidad de follaje que se desprende, además, dicho follaje protege de las gotas de lluvia y del aire evitando la erosión junto con la red que forman sus raíces. Por otra parte, la cañaza participa en un tipo de ecosistema que alberga una cantidad significativa de diversas variedades de especies de flora y fauna: se han encontrado más de 45 especies diferentes de flora, 32 familias de insectos, 25 de aves y 2 de anfibios, entre otras.

En resumidas cuentas, el bambú contribuye a disminuir el impacto ambiental, a reforestar la tierra y a contar con un material alternativo a la madera. De ahí la importancia de aprovechar las ventajas directas que aporta como planta y material, y de manera indirecta, como recurso para disminuir la utilización de recursos madereros y frenar la tala clandestina.

 

 

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