¿Sabías que una gran variedad de los fármacos recetados provienen de fuentes naturales?, Incluso un alto porcentaje de habitantes de países en desarrollo depende en gran medida de la naturaleza para la fabricación de medicinas, de ahí la importancia de cuidar nuestros ecosistemas.

Los primeros registros de medicina natural datan de 2600 a.C. en la antigua Mesopotamia, donde utilizaban los aceites de cedro, ciprés, regaliz, mirra para el tratamiento de diversas enfermedades; por su parte, existe un papiro egipcio de alrededor de 1500 a.C. que describe unas 700 plantas medicinales. Proveniente de China tenemos el Materia medica, del año 1100, documento que contiene 52 recetas de fármacos naturales. Desde el mundo antiguo occidental, pasando por la Edad Media y el Renacimiento, varios médicos y filósofos se han dedicado a este estudio, sentando las bases de los tratamientos herbales.

Ya en el siglo XIX los médicos empezaron a extraer compuestos de las plantas usando solventes, la destilación y otros métodos, mediante los cuales resultó la morfina, la atropina y la cocaína. En tiempos modernos las plantas siguen siendo fuentes irremplazables para la elaboración de medicinas, como algunas que mencionaremos a continuación:

Adormidera. Ésta se utiliza para disminuir los dolores intensos y sus aplicaciones datan de 1804, cuando el químico alemán Friedrich Serturner aisló de dicha planta la morfina, la cual se ha usado como analgésico durante cinco mil años.

Vinca de Madagascar. Esta planta se utilizaba durante la segunda Guerra Mundial para tratar la diabetes. Ahora, después de varios estudios, se descubrió que posee algunos de los agentes quimioterapéuticos más efectivos y ha revolucionado el tratamiento de la leucemia en niños.

Sauce. Los antiguos griegos usaban hojas de sauce (que contiene ácido salicílico) como analgésico durante el parto. Después la corteza de sauce se convirtió en un tratamiento popular para la fiebre, el dolor y la inflamación. A partir del descubrimiento de esta planta, en 1898 se crea la aspirina, considerada el fundamento de la industria farmacéutica.

Calanolida. En 1987 se descubrió que esta planta tiene una gran actividad contra el VIH. Al provenir de la savia, no se tiene que sacrificar al árbol para extraer su compuesto. En Estados Unidos existe una compañía que trabaja en ensayos clínicos para su sintetización.

Uña de gato. Es la corteza seca del árbol del mismo nombre, usada por pueblos del Amazonas como anticonceptivo, para la artritis, el reumatismo, las úlceras gástricas y las heridas.

Pau d’arco. Se extrae de la corteza del árbol lapachol. La mezcla se usa tanto en el Amazonas, como en México y Paraguay para tratar fiebres, malaria, sífilis e infecciones cutáneas. Recientemente un derivado del lapachol ha generado interés para el tratamiento de una amplia gama de líneas celulares de cáncer.

Los anteriores son sólo algunos ejemplos de la enorme cantidad de plantas con propiedades curativas que existen en la naturaleza, a los que indudablemente se sumarán muchos más con los avances de la tecnología, por lo cual el cuidado de los ecosistemas se vuelve de capital importancia pues, como lo mencionamos, innumerables fármacos dependen de sus moléculas, y la salud y bienestar de los seres humanos depende a su vez de ellos.

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